Pinchos y las Petunias

Trata a los demás como quieres ser tratado.

Por A. L.

Había una vez un vivero llamado “el Vivero de las Petunias”, famoso porque vendía unas flores preciosas. Además, cultivaban árboles, arbustos y matorrales, pero la especialidad eran las petunias.

Un día, llegó para quedarse Pinchos, un joven cactus al que colocaron justo al lado de las petunias. Éstas siempre se consideraban las más bellas del lugar, por lo que se burlaban de las demás plantas, pero sobre todo la tomaron con Pinchos, el único cactus del vivero: que si Pinchos es peligroso, que si Pinchos no se mueve con el aire, que si Pinchos pincha, que si Pinchos es un cardo… Así, hasta que Pinchos se hartó tanto que llegó a pensar que era más feliz en la soledad del desierto que con con la compañía de aquel vergel. Pinchos ya no quería ni que le regaran. Pensaba que así se marchitaría y le cambiaran de lugar, pero por mucho que lo anhelara, sus deseos no se hacían realidad. Aquellos insultos le estaban abrasando más que el sol del desierto.

Pinchos

Un día, los dueños del vivero decidieron irse de vacaciones y, como nos puede pasar a cualquiera, entre unas cosas y otras, olvidaron poner el riego automático. Pasaron los días y las petunias, plantas débiles, comenzaron pronto a marchitarse. Sus hojas no solo perdían el color sino que también se despegaban del tallo en cuanto soplaba un poco de aíre. Casi sin fuerza, imploraban a Pinchos: “por favor, danos un poco del agua que te sobra”, o “por favor, perdónanos por haberte tratado tan mal”.

Pinchos las perdonó, por lo que fueron capaces de sobrevivir. Desde aquel momento no volvieron a burlarse ni de Pinchos ni de ninguna otra planta del vivero, pues aprendieron que siempre hay que tratar a los demás como nosotros queremos ser tratados. 

Lunk el esquimal

Es importante no rendirse a pesar de que en ocasiones uno pueda sentirse muy solo.

Por A. L.

Había una vez un poblado llamado Tekan, ubicado en el norte de lo que ahora llamamos Alaska. Allí residía Lunk, un joven que estaba harto de que todos sus amigos emigraran debido a las bajas temperaturas. Para entretenerse, se puso manos a la obra y trabajó durante meses fabricando con la nieve de las montañas la silueta de sus propios amigos. Cuando por fin acabó, se puso muy contento, aunque no le duró mucho la alegría, pues se dio cuenta de que esos muñecos de hielo a los que él llamaba amigos, no eran como los de verdad. No podían reír, ni hablar, ni jugar con él.

Estatuas de Lunk

Pasados unos días, en la comarca, se corrió la voz de que un joven había creado decenas de estatuas de hielo que parecían personas reales. Numerosas personas se aproximaron al poblado para admirar las esculturas de hielo de Lunk. Impresionaban tanto que los vecinos no paraban de hacerse selfies con ellas. Mientras las admiraban, hablaban con Lunk, los jóvenes, además, jugaban, reían, bailaban, y se lo pasaban fenomenal con el artista.

Lunk recuperó la felicidad e hizo nuevos amigos dándose cuenta de lo importante que era no rendirse a pesar de que en ocasiones uno pueda sentirse muy solo.

Dientes de Sable

Las situaciones difíciles nos retan, pudiendo sacar lo mejor o lo peor de uno mismo.

Por Á.S.

Había una vez un prehistórico niño llamado Álex que mantenía siempre la misma rutina: se levantaba, se iba a cazar, dormía la siesta, tallaba alguna de sus armas de piedra y dormía de nuevo. Un día, mientras tallaba sus armas de piedra caliza, el suelo empezó a temblar al mismo tiempo que el techo se desmoronaba poco a poco. Álex intentó huir, pero al salir de la cueva, le dio un golpe de calor y se desmayó.

Cuando despertó, estaba en un lugar distinto, era una cavidad desconocida, y habitada por cinco osos. El pequeño, aterrorizado, gritó, pues pensaba que él mismo se convertiría en la suculenta cena de los omnívoros. Para su sorpresa, Papá Oso exclamó:

-“No temas, chico. Todos piensan que somos temibles, pero no es cierto. ¿Quién te crees que te ha rescatado?”. -Tras él, continuó hablando Mamá Oso:

-Cuentan los demás animales que han visto a Dientes de Sable merodeando por la zona. El felino lleva dos meses sin pegar bocado. Si no fuera por nosotros, a estas alturas serías pasto de sus fauces”.

Apenas había terminado de hablar cuando se escuchó un profundo rugido.

-¡Oh no! Parece que Dientes de Sable se aproxima. -dijo Abuela Oso mientras Osezno se escondía detrás de una roca en la cueva.

-¿Dónde está Abuelo Oso?-balbuceó asustado Osezno al mimo tiempo que fue interrumpido por Dientes de Sable:

-¡Grrrrrrrrrrrrrrrr! ¿Habláis de mi cena?-rugió dando un estruendo el salvaje felino… -porque en cinco segundos pegaré mi primer bocado… -y continuó contando: -uno, dos…¡grrrrrrrrrrrrrrr, ahhhhhh!-rugió retorciéndose dolorido al ser traspasado por una de las piedras con punta que Álex había tallado.

-¡Corred! ¡Tenemos poco tiempo, no tardará en despertarse!-Gritó el valiente Álex. Juntos, la familia plantígrada y Álex huyeron hasta refugiarse en un lugar secreto difícil de encontrar.

En medio de una situación tan conflictiva, Álex descubrió que realmente no era un cobarde, pues no solo aprendió a convivir con los osos sino que además plantó cara a una de las alimañas más temidas de la zona.

Moraleja: las situaciones difíciles nos retan, pudiendo sacar lo mejor o lo peor de uno mismo.

A.S.

Dientes de Sable