Lunk el esquimal

Es importante no rendirse a pesar de que en ocasiones uno pueda sentirse muy solo.

Por A. L.

Había una vez un poblado llamado Tekan, ubicado en el norte de lo que ahora llamamos Alaska. Allí residía Lunk, un joven que estaba harto de que todos sus amigos emigraran debido a las bajas temperaturas. Para entretenerse, se puso manos a la obra y trabajó durante meses fabricando con la nieve de las montañas la silueta de sus propios amigos. Cuando por fin acabó, se puso muy contento, aunque no le duró mucho la alegría, pues se dio cuenta de que esos muñecos de hielo a los que él llamaba amigos, no eran como los de verdad. No podían reír, ni hablar, ni jugar con él.

Estatuas de Lunk

Pasados unos días, en la comarca, se corrió la voz de que un joven había creado decenas de estatuas de hielo que parecían personas reales. Numerosas personas se aproximaron al poblado para admirar las esculturas de hielo de Lunk. Impresionaban tanto que los vecinos no paraban de hacerse selfies con ellas. Mientras las admiraban, hablaban con Lunk, los jóvenes, además, jugaban, reían, bailaban, y se lo pasaban fenomenal con el artista.

Lunk recuperó la felicidad e hizo nuevos amigos dándose cuenta de lo importante que era no rendirse a pesar de que en ocasiones uno pueda sentirse muy solo.

Autor: Fran Sánchez

Profesor de Lengua en @CStmoSacramento. #Recursos educativos para Secundaria y Bachillerato.

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