La mejor nube de todas

Isabel V.

 

 

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Érase una vez una nube blanquecina.

Érase una vez unas nubes blanquecinas.

Érase una vez una nube grisácea.

Érase una vez unas nubes burlonas.

 

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Érase una vez una nube negra.

Érase una vez la tempestad.

Érase una vez el cesar de un llanto.

Érase una vez un cielo azul.

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El origen del mar

Blanca R.

 

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Hace mucho, las guerras eran tan horribles que la gente temblaba cada vez que las oía mencionar. En aquellos tiempos, todos los conflictos bélicos transformaban la tierra en un desierto, una inmensa bañera llena de arena. Cuando lo contemplaban, la gente pensaba que nunca tendría fin.

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Pasaron muchos años y no hubo ninguna guerra. Hasta que un día de invierno estalló la mas terrible de todas. Las personas se empezaron a extrañar, porque aquel árido desierto se empezó a llenar de agua. Los mas veteranos dijeron que Dios se había puesto triste y que cada gota del cielo que caía se producía por “el llanto del Creador”. Aquel inhóspito lugar se llenó de agua hasta convertirse en un inmenso mar cuyo horizonte final no se alcanzaba con la vista.

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Desde aquel tiempo, las guerras cesaron porque la gente recordaba, al ver la arena del mar, cada una de las lágrimas del Creador, la maldición del sequedal y la fortuna que suponía disfrutar del agua fresca y limpia del mar.

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El cangurito pródigo

Cristina M.

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Érase una vez, en lo que ahora llamamos Australia, una familia de canguros formada tan solo por dos miembros: mamá Canguro y Cangurito.

Cangurito siempre veía cómo los demás canguros viajaban dando brincos y tenían aventuras. Él siempre soñaba con poder hacer lo mismo, pero mamá Canguro no se lo permitía, pues era muy pequeño todavía.

Cangurito, estaba harto de que su madre le dijese siempre que no, así que decidió irse por su cuenta, sin consultárselo a su progenitora. Cogió comida para varios días y se largó.shield-288565__340

Éste, ya llevaba un tiempo fuera de casa, y la verdad, eso de las aventuras no era como él se imaginaba, y menos estando solo.

kangaroo-3690650__340Aburrido, le quedaba poca comida, por lo que pensó en volver a su hogar, pero ya no recordaba el camino de vuelta, y por mas que preguntaba, nadie sabía contestarle.

De repente, buscando preocupado el camino que le conduciría a casa…¡vio a su madre! Cangurito fue corriendo, bueno, mas bien saltando, a darle un abrazo. Su madre se alegró muchísimo por el regreso de Cangurito y juntos volvieron a casa.

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Luna, la nube.

 

Claudia, C.

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Érase una aldea maya donde hacía mucho tiempo que no llovía. Reinaba un sol ardiente que impedía que crecieran las cosechas. Así, las gentes del pueblo no tenían nada para comer. El caudal de los ríos se reducía a un hilito y había muchas dificultades para encontrar agua fresca y limpia.

Los mayas pensaban que los dioses los habían castigado, por lo que hacían muchos sacrificios humanos, pero ninguno de ellos cambió la situación.

En la aldea vivía una joven con el pelo ondulado y oscuro,  ojos pardos y piel cobriza. Se llamaba Luna. Cada vez que sacrificaban a una persona inocente, Luna se compadecía y sufría por ellos. Una noche, mientras dormía, tuvo un extraño sueño donde se le apareció Chaac, el dios maya de la lluvia. Este le dijo que ella podía salvar a su pueblo, pero por más que Luna le rogó, el dios no le explicó cómo hacerlo y desapareció. La joven se quedó toda la noche pensando en cómo podría acabar con las muertes.

agua.jpgTiempo después tomo una decisión: se ofrecería voluntaria como sacrificio  y así contentaría a los dioses. Al día siguiente  se lo contó a todo el pueblo, quien intentó detenerla, pero no surgió efecto. Luna subió a la boca del gran volcán  y se arrojó a su interior. Los dioses se fijaron en la bondad y compasión de Luna y a cambio la transformaron en una nube. Luna subió a lo alto del cielo. Días después extrañaba tanto a su pueblo que empezó a llorar, las lágrimas de Luna se transformaron en la ansiada lluvia que todos necesitaban. Así, la joven y valiente Luna logró que su pueblo recuperara sus cosechas, la pesca en los ríos y el agua fresca y limpia en las casas.

Las nubes de los lloros

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Las nubes de los lloros
(Cuento breve escrito por Jaime M.)

 

Un día Dios, cansado de llorar por todo lo que no hacemos bien, llamó a sus ángeles para contarles lo mal que lo estaba pasando. Un ángel le dijo: podemos contarte un chiste cada vez que te encuentres triste, pero no dio resultado. Después otro le dijo: ¿y si llamamos a un psicólogo para que te ayude? …pero tampoco dio resultado. Cuando todos se dieron por vencidos, uno desde el fondo de la sala preguntó: ¿y si hacemos que algo llore por ti? Todos se quedaron alucinados. Dios le respondió: es muy buena idea, lo llamaremos “NUBE”. Así, cada vez que llueve es porque algo malo está pasando.

 

La nuez

Por Álvaro de Juana
Cuento: La nuez.

nutmeg-1089390_960_720En un cercano país de cuyo nombre quiero acordarme (Francia), había una tienda de frutos secos. Era la tienda más famosa y visitada de todo el lugar, personas del mundo entero venían a Francia solamente para visitar “La Gran Tienda De Frutos Secos”. Había todo tipo de frutos: castañas, cacahuetes, almendras, avellanas… pero la especialidad de la casa, era la nuez.

La nuez de “La Gran Tienda De Frutos Secos” era una maravilla, tenía un sabor especial, una textura inigualable como ningún otro fruto seco. La gente de todo el mundo venía sobretodo movida por comprobar si los buenos comentarios que decían sobre la nuez eran ciertos. Así, las personas se acercaban a la cesta de las nueces y gozaban de su sabor, pero también de su maravillosa apariencia y presentación (a veces se come por los ojos).

Un día, un cliente de la tienda llamado Dominique, fue a comprar unas nueces, pero cuando llegó a la tienda y se acercó a la cesta de las nueces solamente quedaba una. Esta era muy fea y tenía un color verdoso y extraño. A Dominique no le sentó nada bien, decidió pedir la hoja de reclamaciones y llamar a un catador de frutos secos para que viera el desastre de producto que estaba a punto de vender la tienda.

Al día siguiente el catador de frutos secos llegó a Francia y se dirigió a la tienda. Era el catador más estricto y sofisticado del mundo entero. Al entrar en el local, Dominique le explicó cuál era el problema y el catador exigió ver “la nuez defectuosa”. El tendero, con un tembleque en las manos y asustado por si le cerraban la tienda, le dio la nuez defectuosa. El catador la examinó extrañado, la volvió a mirar y, sin pensárselo dos veces, se la comió.

Dominique y el tendero le observaban pestañear, esperando una respuesta. El catador poco a poco empezó a soltar una sonrisa de oreja a oreja hasta romper en una profunda carcajada. Perplejos, observaban su descontrolada risa. Dominique se atrevió a preguntar al catador el motivo de su acción.

El catador le respondió que este fruto al que ellos llamaban nuez era en realidad una aceituna gigante, otra especie de fruto seco, ¡Estaba deliciosa! Al tendero se le debió colar en la cesta de las nueces una aceituna.

Al día siguiente todo el mundo que iba a la tienda aprendió la lección: no juzgues nada por su aspecto.

El origen de la cebra

Por Eva S.

origami-842024_960_720.pngUn animal blanco como la nieve paseaba por la sabana. Su pelaje deslumbraba a todo aquel que se encontraba en su camino. La mayoría de las alimañas lo identificaban con un caballo, aunque él creía que aquellos corceles tan lejanos no se le parecían en nada.                                                                                

En su búsqueda de aceptación,  decidió irse de viaje. Caminó por desiertos, bosques, manglares…  hasta que sus delgadas piernas no pudieron más. Vencido por el cansancio, se tumbó a la orilla del mar. Al poco tiempo apareció nadando un calamar curioso. Viendo a aquel ejemplar tan bello a punto de desfallecer, sintió pena y se le ocurrió proponerle un trato:

-Oiga… Usted, sí usted, el de la blanca crin. Le ofrezco comida y agua a cambio de dos minucias.

El insólito animal, hambriento y sediento a partes iguales, aceptó los peces y el agua sin atender a las consecuencias. Tras haber saciado su panza, el calamar prosiguió con el trato:

-A cambio, no volverás a alimentarte del mar, ni de ningún otro animal. Los peces se sacrificaron para ayudarte, por lo que tú te sacrificarás no comiéndolos.

animals-102483_960_720A partir de ese momento aquel extraño espécimen no volvió a comer otros animales en su vida. 

El calamar volvió a alzar la voz: -¿me dejas tocar tu piel?

El animal se acercó lentamente al calamar. Entonces, éste acarició con sus tentáculos su impoluta piel, grabando unas marcas de tinta negra por todo su cuerpo. Desde entonces, a este animal le llamaron Cebra. Ella, agradecida, cumplió también su parte del trato y nunca más volvió a comer carne, se convirtió en herbívoro.